
Ayer fui a buscar piedras para un regalo. Hay un par de lugares a los que me gusta ir, y decidí visitar el que pensé que tendría más variedad. Al llegar, encontré la tienda cerrada, pero recordé que cerca había otro lugar. Entré y comencé a mirar las piedras, buscando la que tenía en mente.
Mientras revisaba, la señora que atendía sacó una piedra y me preguntó: ”¿No te gusta esta?” Era un corazoncito de rodocrosita. Me dijo el precio, y era mucho más barato de lo que normalmente costaría. Lo observé con más atención y entonces entendí por qué: tenía un pequeño quiebre en un lado, lo que disminuía su valor.
Pero la verdad es que a mí esas pequeñas imperfecciones me gustan, porque son lo que hace única a cada piedra. A pesar de ese trocito que le falta, sigue siendo un corazón, sigue siendo una piedra hermosa, y eso no la hace menos rodocrosita. Así que, por supuesto, la compré.
Algunas personas creen que si una piedra tiene imperfecciones, su energía no fluye de manera uniforme. Pero, en mi experiencia, mientras no esté rota en dos o tenga puntas afiladas que puedan lastimar, no hay de qué preocuparse. En todo caso, si quieres estar seguro, puedes tomar la piedra en tus manos y sentir su energía. Si percibes que está desordenada o te incomoda, entonces tal vez no sea para ti. Pero si su energía se siente linda y calmada, puedes usarla con confianza.
Creo que esto también se aplica a nosotros. Tener cicatrices, defectos o heridas emocionales no nos hace menos valiosos ni nos convierte en peores personas. Simplemente nos hace únicos.
Así que hoy, aprecia la belleza de ser tú.
(Este post lo compartí hace un tiempo, pero siento que encaja perfectamente con la energía de febrero y el amor propio que estamos cultivando este mes. 💖)
Luz, armonía y gratitud,
Gaby